Ad augusta per angusta



La verdad es que no sé muy bien cómo empezar. Estos páramos están demasiado solitarios y descuidados, y tratar de desempolvar este lugar como si el tiempo no hubiera pasado, me resulta difícil, y el ánimo no ayuda. Apenas sé si alguien para el que este blog era parada obligatoria en su rutina de visitas a internet aún se mantiene fiel y, por circunstancias de la vida, yo tampoco he tenido ganas de continuar.
Me replanteo muchas veces en cambiar la apariencia del blog, deshacerme de este entorno lúgubre que tanto me gusta, pero del que estoy desarrollando cierto rechazo. Sin embargo, ningún diseño me seduce especialmente y, tras probar miles de combinaciones de imágenes, colores y plantillas, vuelvo al origen con el rabo entre las piernas.
También he barajado abandonarlo a su suerte, y que los carroñeros hagan lo que quieran con él. Pero le tengo demasiado cariño y a veces no puedo evitar pensar que si lo hago, estaré abandonando también un pedacito de mí misma, a la Elisa que con 17 años empezó, a modo de juego, a decorar este pequeño rincón.
Todo era mucho más fácil antaño, cuando cualquier pequeña experiencia o reflexión era digna de ser transmitida y esperabas ansiosa la respuesta de tus fieles seguidores, en una bonita relación recíproca.
En realidad, no sé el motivo por el que escribo esto. Quizá sea a modo de disculpa por mi intermitente atención a (¿hay alguien ahí?) vosotros, si es que alguno queda todavía.
Me gustaría contaros mil y una tonterías, pequeñas vivencias que se pierden en la rutina del día a día, pero que en su momento tienen su gracia, opiniones sobre cualquier cosa, adjuntar alguna canción con la que haceros más amena esa entrada incomprensible, mostraros mi torpezas fotográficas que tan orgullosa me tenían a pesar de su mala calidad, o poder escribir una pequeña historia sin que, al clickar la opción de "publicar entrada" sienta deseos de borrarla porque no me parece digna de vuestros ojos...Como antes.

En fin, no lo sé.
La idea inicial que tenía en mente era de contar otras cosas, y, aunque he comenzado como quería, no la he desarrollado como esperaba y carecería de sentido cambiar radicalmente de tema ahora. Pero bueno, ¡ya tengo excusa para poder escribir, aunque sea, una entrada más! Así que lo dejo estar aquí.
Intentaré hacer que esto resurga de sus cenizas.
Saludos desde el más allá.

E.


3 comentarios:

Cristina dijo...

Un saludo de alguien que sigue mirando a ver lo que publicas!!!! Animo que seguro que las palabras volveran a surgir.

Un besito enorme y Feliz San Calcetin!!!!!

Lanchoilla dijo...

¡Los blogs nunca morirán! Yo sigo contando mis chorradas y mis historias, aunque no con la misma frecuencia de antes. Soy incapaz de abandonar mi blog, es algo que me gusta hacer, aunque sea para mi misma. Pero supongo que la principal causa por la que no lo abandono es porque me es relativamente útil, es mi rinconcito de la red, mio y solo mio, en el que hago lo que me da la gana (mientras blogger me lo siga permitiendo) y eso me gusta y me da diversión, no necesito más razones para no abandonarlo.

No se si tu sentirás lo mismo que yo, pero creo que un poquito sí.

Saludetes.

Anónimo dijo...

No dejes de escribir, porque como tu bien dices sería dejar una parte de tí. Siempre hay algo que poder contar, aunque sea algo que solo te haga gracia a ti. Lo importante es escribir lo que te sale del interior.